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La violencia es una forma de ejercer poder y control sobre otra persona mediante acciones que pueden ser físicas, psicológicas, sexuales, económicas o simbólicas. Cuando se manifiesta en relaciones de pareja, esta violencia tiene características particulares, pues se presenta en un contexto en donde la vulnerabilidad compartida, secundaria al vínculo erótico-afectivo promueve un espacio de intimidad en donde muchas veces la violencia se normaliza por los afectos involucrados. La perspectiva de género permite identificar que esta violencia no es simétrica ni neutra: afecta de manera desproporcionada a las mujeres* debido a las desigualdades estructurales que aún persisten en nuestras sociedades.
La violencia en la pareja puede adoptar múltiples formas. La violencia física implica agresiones corporales como golpes, empujones o quemaduras, por ejemplo, cuando una persona empuja a su pareja durante una discusión. La violencia psicológica incluye insultos, humillaciones, amenazas o control excesivo, como revisar constantemente el celular de la pareja o aislarla de sus amistades. La violencia sexual se refiere a cualquier acto sexual no consentido, dentro o fuera del vínculo, como presionar a la pareja a tener relaciones a través de chantaje, manipulación, coerción o uso de la fuerza. La violencia económica ocurre cuando una persona controla el acceso al dinero o bienes, impidiendo la autonomía económica de la otra, como retenerle el sueldo o prohibirle trabajar. Finalmente, la violencia simbólica, un concepto desarrollado por Bourdieu (2000), alude a los mensajes culturales que perpetúan la subordinación femenina y justifican la dominación masculina, incluso de forma sutil o indirecta, como cuando la publicidad representa a las mujeres solo en roles de cuidado o a los varones fuera de la esfera privada.
Desde esta perspectiva, la violencia no es solo un problema individual, sino una consecuencia de normas y mandatos de género que asignan a las personas roles de dominio y sumisión. Tal como señala Lagarde (2005), estas estructuras no solo permiten la violencia, sino que la reproducen a través de los estereotipos culturales y la socialización diferencial desde la infancia.
Además, muchas personas que viven situaciones de violencia no la identifican de inmediato, ya que esta se encuentra normalizada en los discursos sociales, como aquellos que promueven el "amor romántico". En este marco, los celos, el control o los chantajes emocionales suelen interpretarse como "pruebas de amor". Esta falta de conciencia dificulta tanto la denuncia como el acceso a redes de apoyo. Por ello, incorporar la perspectiva de género en la comprensión de la violencia en la pareja resulta fundamental para desmontar los patrones de desigualdad y construir vínculos basados en la equidad, el respeto y el consentimiento.
Abordar esta problemática exige acciones integrales: educación con enfoque de género, acceso a la justicia, redes de apoyo y políticas públicas que garanticen entornos seguros para las mujeres y personas en situación de vulnerabilidad.*Este artículo no pretende negar que los hombres también puedan vivir situaciones de violencia en sus relaciones de pareja; sin embargo, reconoce que la desproporción en la manera en que esta violencia afecta a las mujeres es innegable. Visibilizar y atender esta problemática no solo es una cuestión de justicia social, sino también un paso fundamental hacia relaciones más equitativas e igualitarias para todas las personas.
Glosario
Normalización de la violencia: se refiere al proceso mediante el cual conductas violentas dejan de verse como anormales o excepcionales, aceptándose como respuestas habituales o inevitables en diversas situaciones sociales. Este fenómeno puede surgir por exposiciones repetidas a la violencia—en la familia, la comunidad o los medios—que generan una percepción de que la violencia es una solución "normal" a los conflictos cotidianamente . Normalizar la violencia obstaculiza esfuerzos de prevención, encubre las consecuencias reales del daño y dificulta transformar la violencia en excepción. Hacerla visible es clave para promover culturas de paz y relaciones no violentas.
Violencia estructural: Se refiere a situaciones en las que se producen daños a necesidades humanas básicas como la supervivencia, la libertad, el bienestar o la identidad, en las que generalmente hay un grupo privilegiado y otro vulnerado, normalmente caracterizados en términos de clase, raza o género. Se encuentra escondida en las normas, creencias y prácticas sociales. No siempre se ve de forma directa, pero causa daño y desigualdad.
Violencia simbólica: Es una forma de poder que opera a través de la cultura y el lenguaje, afectando la forma en que las personas se ven a sí mismas y a los demás, contribuyendo a la reproducción de relaciones de dominación y desigualdad.
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Referencias
Bourdieu, P. (2000). La dominación masculina. Anagrama.
Enlaza Consultoría de Género y Diversidad. (2021). La violencia simbólica. Recuperado el 21 de junio de 2025, de https://enlazaconsultoria.es/la-violencia-simbolica/
Fiveable Inc. (2024). Normalization of violence. En Violence: Causes and prevention [Glosario]. Recuperado de https://library.fiveable.me/key-terms/violence-causes-prevention/normalization-of-violenceLagarde y de los Ríos, M. (2005). Los cautiverios de las mujeres: Madresposas, monjas, putas, presas y locas. UNAM. Disponible en: https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/5/2117/9.pdf
Organización Panamericana de la Salud (OPS). (2013). Comprender la violencia contra la mujer: Definiciones y tipología. Disponible en: https://iris.paho.org/bitstream/handle/10665.2/18342/9789275318826_spa.pdf